| La Alegría de los Santos: San Bernardino de Siena | ||||
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Predicar sin dormir a los fieles. Ha escrito María Sticco, mujer de rara sensibilidad y finura: “La alegría traviesa y aderezada de virtud era del gusto de San Francisco. Pensaba el santo que si la vida fuera toda heroica, sería muy pesada, y si fuera toda ella cómica, sería bastante necia: conviene moderar el esfuerzo con la risa y tomarse con comicidad las cosas temporales, y de manera heroica las eternas” (Cfr. S. Francesco d’ Assisi, Vita e penssiero, Milano 1935, pp. 235ss). El discípulo de Francisco que mejor ha encarnado a la vez la agudeza y la santidad ha sido, indudablemente San Bernardino de Siena (1380-1444). Es también María Sticco quien lo presenta asi: “Su sonrisa sigue aún viva y es una sonrisa acogedora, aunque aguda hasta la ironía… Al leer a San Bernardino olvidamos a menudo al predicador y sentimos a un artista «sui generis» que no se permite aburrirnos ni tampoco distraernos, porque en cuanto advierte un «diminuendo» de nuestra atención, nos vuelve a seducir con un apólogo, una anécdota, un chiste…
Se trata de alguien que, mientras se burla, sabe aconsejar y animar, uniendo en sí dos actitudes casi siempre inconciliables: el sentido cómico, que enfría y separa, y el amor, que comprende y une.
Es difícil oír al solemne orador sagrado que exhorta de este modo: «Ayer yo estaba muerto, y ahora estoy vivo por el gran mal que sentí; yo no creía (poder) predicar, empero tuve una purgación tan grande que fui movido veintinueve veces hacia aquí…»
Debió de ser, indudablemente, una purga de efectos… explosivos. Y él habla de esos efectos sin falsos pudores.
Poseía un carácter tan alegre que veía en los defectos humanos la comicidad; en la naturaleza, los aspectos más risueños y nuevos; y en si mismo y en sus vicisitudes más trágicas, alguna idea cómica. Un carácter tierno, en el fondo… incluso cuando se ríe cáusticamente de las malas lenguas, de los glotones, de las señoras Rinnovella y de las señoras Seragia, o de los señores Coramvobis…
Bernardino es un espíritu juvenil… Y no importa siquiera ese punto de picardía que tenía de muchacho, cuando aguzó a la curiosidad femenina y la preocupación religiosa de su prima, dándole a entender que tenía una enamorada fuera de la puerta Camollia…”.
(Cfr. PRONZATO, Alessandro; “La Boca se nos llenó de risas”; Editorial Sal Terrae, Santander 2006; pp 256-257).
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| Actualizado ( Domingo, 14 de Febrero de 2010 00:21 ) |






