| La alegría de los santos: San Felipe Neri | ||||
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Desde pequeño Felipe era afable, obediente y amante de la oración. En su juventud le gustaba visitar a los padre dominicos del Monasterio de San Marco y según su propio testimonio estos padres le inspiraron a la virtud. Un Testigo Francesco Zazzara, confiará a propósito de los fenómenos místicos: “Nuestro santo Padre(San Felipe Neri) nos había enseñado que huyéramos como de la peste de la singularidad y de todo intento de demostrar que éramos y hacíamos más que los demás. Y por eso decía que no le gustaban los éxtasis o arrebatos en público, que le parecían algo peligrosísimo, y que “si alguien quería volar sin alas, había que agarrarlo por los pies y tirar de él hacia abajo”.
De hecho, él disponía de una cuerda para hacer bajar de la nubes a los místicos imaginarios: la ironía cortante.
Alguien ha comparado a Felipe con un ligero globo aerostático siempre a punto de elevarse hasta las alturas vertiginosas a la más mínima ráfaga del soplo del Espíritu. Sin embargo, también estaba dotado, además del lastre necesario, de la famosa cuerda que sujeta o devuelve ala tierra. Esa cuerda –no hace falta decirlo- era el sentido del humor y la capacidad de reírse de si mismo.
PRONZATO, Alessandro; “La boca se nos llenó de risas”; Editorial Sal Terrae; Santander 2006, pp. 247.
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Nació en Florencia, Italia, en 1515, uno de cuatro hijos del notario Francesco y Lucretia Neri. Muy pronto perdieron a su madre pero la segunda esposa de su padre fue para ellos una verdadera madre.