| Mensaje de Navidad de la gran familia de Cristo en Linea | ||||
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Pronto ha llegado el mes de diciembre, y con él, todas nuestras esperanzas renovadas. Esperanzas de un futuro lleno de amor y paz, de un presente colmado de bendiciones, de un pasado olvidado porque quizás trajo pesares, de un pasado hermoso que será siempre agradecido.
Este año 2009 nos ha permitido, a muchos, llegar a formar parte de esta gran familia que es Cristo en Línea. Otros ya pertenecían a ella desde antes, y nos han recibido con los brazos abiertos, desde el momento en que decidimos tocar la puerta y pedir posada. En la emulación, casi perfecta, de aquel diciembre del año 0 cuando María y José fueron acogidos en el hogar que les permitió pernoctar, a la espera de la llegada de su hijo Jesús, los miembros del equipo nos recibieron, a la espera de que su siembra cayera en tierra fértil. Nos van integrando a todos y a cada uno de los que entramos al chat, con ese cariño genuino que transmiten las personas que están en presencia de Dios. Y cuando el encuentro es personal, nos abrazan con esa espontaneidad que da, el ser parte de la misma familia. Muchos de nosotros, entramos a la página de Cristo en Línea, buscando el apoyo que no encontramos en las personas con las que convivimos a diario. Sólo algunos nos animamos a solicitar esa ayuda necesaria. Los otros, ésos que no se atreven a pedirlo en voz alta y concretamente, son los que más nos necesitan a través de nuestra oración y de nuestra afabilidad. Es época de Adviento, hermanos en Cristo Jesús, y así como esperamos el nacimiento del Niño Jesús en nuestros corazones, los exhorto a que tengamos un espíritu de esperanza, en la seguridad de que todas nuestras necesidades serán satisfechas en Aquel que nos conforta.
Con todo mi cariño, para ustedes, estas palabras que nacieron de lo más profundo de mi alma, en la seguridad de que alguien está orando por mi hija y por mí: Una oración entregada en silencio, por un hermano que sufre, es moneda de oro en nuestro cofre en el cielo.
Una oración entregada en silencio, por un hermano desconocido, es el abrazo agradecido que Cristo nos regala.
Una oración entregada en silencio, por un hermano que nos ayuda, es el manto de María que nos cubre con gozo y amor.
Una oración entregada en silencio, por un hermano que nos ofende, es el fuego del Espíritu Santo que anida en nuestro corazón.
Una oración entregada en silencio, por un hermano que nos rechaza, es la mirada compasiva de nuestro Padre y Señor.
Una oración entregada en silencio, por cada uno de nosotros, es el regalo mutuo que nos conforta cada día. Amén.
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| Actualizado ( Martes, 08 de Diciembre de 2009 22:55 ) |







Queridos hermanos y hermanas de Cristo en Línea: